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De parques… es la obra que se ve



Marisabel Rodríguez,
IFLA, ASLA, IAPR, CAPPR

Directora y profesora
Maestría en Arquitectura Paisajista,UPPR

En días recientes, desde las declaraciones de la Nueva Alcaldesa Electa, Hon. Carmen Yulín Cruz, ha surgido un renovado interés en el Parque Luis Muñoz Marín de Hato Rey. Estableció ella que reabrirá los portones del Parque para celebrar su toma de posesión, y que permanecerá abierto al público para el uso, disfrute y entretenimiento de los que en esta ciudad habitamos.

De parques sabemos los arquitectos paisajistas porque pa’ eso – entre otras cosas - fue que estudiamos; por lo tanto esta noticia, nos llena de regocijo. Fue un arquitecto paisajista puertorriqueño – Juan Alberto Díaz – quien diseñó el parque junto a su equipo de trabajo interdisciplinario para la década de los setenta. El Muñoz Marín se convirtió con el paso del tiempo en el escenario de miles de fiestas de cumpleaños, bautizos, pasadías familiares, giras escolares, “trillitas” en el funicular, etc.  Así pasó a ser un sitio especial en los recuerdos de todos aquellos y aquellas que allí han pasado tiempos agradables.

Fue talento local quien concibió y construyó este sitio tomando en cuenta las realidades y posibilidades propias. Importante es recalcar este dato porque, contrario al parque Muñoz Rivera, el parque que ubica en Hato Rey fue el primero de esta envergadura diseñado por arquitectos paisajistas puertorriqueños.  Este hecho nos debe llenar de orgullo porque el predio es fiel testigo de que los hijos e hijas de esta isla tenemos el talento que se requiere para diseñar un parque memorable para los boricuas. El reto de cara al futuro, radica en asegurar que pueda seguirlo siendo para futuras generaciones.

Si bien ha servido a la ciudadanía durante los últimos treinta y tantos años, el parque que emplaza en el corazón del área metropolitana – Google así lo confirma – hoy día es el recurso que pudiera solventar problemas ecológicos y económicos que a la ciudad, en particular a Hato Rey, aquejan.  Pensado y mirado con los lentes de lo que ocupa a los arquitectos paisajistas en la actualidad, el Muñoz Marín puede servirnos para atender las inundaciones de Hato Rey tras un chubasco de 15 minutos.  Recoger estas aguas, redirigirlas, filtrarlas para que se regeneren las aguas de nuestros acuíferos es materia que los y las arquitectos paisajistas estamos solucionando en proyectos hoy por hoy. Usar los árboles existentes y añadir otros para reducir las temperaturas que las islas de calor provocan en la zona, redundaría en proveer cobijo a los usuarios del parque, incluyendo gente, pájaros y demás especies que buscan cómo cruzar desde la bahía de San Juan hasta el lado sur de la Piñero.

Es por ello que asumir contemporáneamente que un espacio verde es uno del que no se devengan ingresos o economías es un tema que ciudades como Chicago, Minneapolis y Manhattan han demostrado ser equívocas.  En ellas no solo los parques constituyen importantes recursos para cada ciudad sino que han logrado generar turismo exterior en torno a ellos.  La sombra de los bosques del parque Luis Muñoz Marín nos ahorra cientos de miles de dólares en inversiones de aspas de viento; el entramado de las raíces de su dosel arbóreo, evita que gastemos millones en tuberías para recoger las aguas de escorrentía de los lugares pavimentados en San Juan. Abundando aún más, ¿cuántos cientos de miles no nos habrá economizado este parque en visitas al sicólogo porque este espacio público ha fungido como válvula de escape a la amalgama de presiones de nuestra vida contemporánea? Si esos ahorros no bastan como argumento de por qué un parque ha de pensarse como atributo positivo, hablemos llanamente de los atractivos naturales con que contamos, que invitan a miles de turistas anualmente a visitar nuestras playas, bosques, parques y jardines, y en las que invierten su dinero.  Ya tenemos el parque. En nosotros está el pensar astutamente la estrategia sustentable - económica, ecológica y social - para hacerlo reverdecer.  Esta obra que menospreciamos, este parque, es la verdadera obra que se ve.

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