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Marisabel Rodríguez: una mujer dedicada y multifacética

Marisabel Rodríguez es arquitecto paisajista y directora de la única Escuela de Arquitectura Paisajista de la isla en la Universidad Politécnica de Puerto Rico

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A través de los años las mujeres han logrado destacarse en posiciones dominadas por hombres, ganándose el respeto y admiración del sector masculino. Es precisamente lo que sucedió con Marisabel Rodríguez, arquitecta paisajista quien se desempeña actualmente como directora de la Escuela Graduada de Arquitectura Paisajistas de la Universidad Politécnica en Hato Rey. Y, cuya historia de éxito compartimos con nuestros lectores, a tono con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo).

Guiada por el ejemplo de dos grandes mujeres en su vida, Marisabel se ha convertido en una mujer emprendedora, trabajadora, dedicada y multifacética.

“Por herencia de mi señora madre (Herminia Toledo) –quien dirigió por más de 25 años un Departamento de Recursos Humanos– y mi abuela –quien a pesar de ser analfabeta se las ingenió para criar a sus siete hijos en medio de la difícil situación económica que atravesaba la isla– es que adquirí el ejemplo de ser una mujer trabajadora. Así que, oír los cuentos de las mamás y los tíos, va poniendo los puntos sobre las íes y moldeando a uno. Porque, obviamente, estas mujeres tienen un carácter muy fuerte y, sin importar las circunstancias, le dieron frente a las situaciones para seguir hacia delante. La ética de trabajo que heredé de mi familia me convirtió en una emprendedora”, compartió Rodríguez.

Marisabel cursó un bachillerato en educación en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, hizo su maestría en arquitectura paisajista en la Universidad de Cornell en Nueva York y durante 18 años vivió en tres ciudades distintas en los Estados Unidos. Hasta su llegada a la Universidad Politécnica de Puerto Rico, en 2002.

“Inicié mis estudios formales en pedagogía. Por el trasfondo de mi familia (entre costureras, mecánicos, delineantes y contratistas) me dio curiosidad sobre cómo se arman las cosas desde una tela hasta un carro. Terminé mi bachillerato y me di cuenta que quería hacer otras cosas y surge la arquitectura paisajista. Me doy cuenta que todos esos intereses divorciados que tengo, por armar las cosas, la costura, generar una idea y que esta se convierta en algo tangible, los voy casando con esta profesión aunque los temas sean distintos. Y es así que decido irme a Cornell a estudiar mi maestría”, recordó Marisabel, quien heredó de su padre (Miguel Rodríguez) el amor por la jardinería.

Rodríguez, regresa a Puerto Rico en el 2002 para participar del proyecto de arquitectura paisajista en la universidad. “En ese momento vivía fuera de la isla y Jorge Rigau (entonces decano) me pregunta si me interesaría participar y dirigir dicha iniciativa. Respondí ¡claro que sí! y aquí estoy”, precisó.

Desde entonces, la profesora, a pesar de no tener hijos propios, ha adquirido un sinnúmero de hijos adoptivos, durante los más de 13 años que ha trabajado como profesora y directora en la institución. Esto, gracias a su capacidad de compasión y dedicación tanto con sus estudiantes, como en sus labores.

Ha sido en la escuela de arquitectura donde Marisabel ha logrado sentir la satisfacción de que sus estudiantes puedan proyectarse de igual a igual ante un profesional del campo de la arquitectura. “Haber podido traer profesionales de renombre mundial (entre ellos mujeres) y ver que mis estudiantes pueden entablar una conversación con ese profesional y ser entendidos perfectamente se convierte en uno de los momentos nobles de esta posición”.

Para la mujer de 55 años, ser de las pocas féminas destacadas dentro de su carrera representa un reto. Y, cuenta que en muchas ocasiones ella es quien único representa su profesión tanto en las reuniones de la escuela como en la práctica privada profesional.

“Es un reto doble y hasta triple porque soy quien en muchas ocasiones representa la profesión.En muchas ocasiones tengo que explicar lo que hace un arquitecta paisajista. El reto tiene múltiples capas”, dijo. Este reto no solo lo ha enfrentado en la isla sino que a lo largo de los 18 años que ha estado laborando en distintas empresas en los Estados Unidos, pero aseguró que “a la hija de doña Herminia y Miguel nadie la posterga”.

Marisabel cataloga como un “acto de malabarismo” el cumplir con todos sus compromisos diarios. No obstante, entre las variantes del día a día, las situaciones de las personas y estudiantes, dirigir la escuela, los proyectos de práctica privada y cuidar a su mamá, es que logra manejar el tiempo para hacer otras cosas.

Aunque se siente satisfecha con las cosas que ha logrado, aspira escribir un libro en un futuro cercano y enlazar su profesión y su interés por los textiles, así como generar un apoyo a la profesión de la arquitectura paisajista. Su consejo a mujeres jóvenes que aspiran a ser arquitectas y no están decididas por una profesión, es que se informen y busquen más allá de lo que cualquier persona pueda decirles, obtener experiencias y no limitarse.

Artículo original escrito por Melissa M. Cruz Ríos para ElVocero.com