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"Antología Mía"

Como toda obra de arte, la obra del artista doradeño Rogelio Maldonado no escapa a las ciudades internas de nuestras almas en las que vivimos y respiramos.

Su obra actual demuestra un tiempo sin relojes, un tiempo psicológico, el de él. Ello, sin que lo psicológico o mecánico del ordinario reloj, dicte historias propias y recurrencias, distintas a estas obras suyas, en las que explora mundos extraordinarios de dimensiones verticales, horizontales y diametrales, desde esas bases propias del artista como lo son siempre en sus propuestas visuales, ese análisis al que somete a la totalidad de las cosas: tradiciones, normas y leyes, del mundo externo al que él y nosotros pertenecemos, por elección de él, de sus padres y de Dios; no importándole el orden de ese mundo cuántico, el de la física, que se ubica por debajo de nuestras cosas.

Tan grande, nos resulta a veces ese mundo, que en definitiva hoy por hoy no nos está diciendo nada, a escritores, poetas, artistas, grabadores, instaladores, historiadores, secretarias, estudiantes, obreros…la lista de todos nosotros “named it”. A Rogelio ¡menos! De valores y de virtudes ese mundo nos dice nada. En las obras de arte, “Transformación” y en “Rojo Floral” se percibe, lo que llamo, esa rivalidad entre lo científico y lo religioso. Rogelio señala en ese profundo rojo de una, y en ese juego de matrices coloristas, en la otra, que esa discordia la ha propuesto el hombre. No hay guardarrayas espirituales ni materiales entre ambas. Esa materialidad corpórea que el ser asume, causa esa enemistad. Las propias obras, unas sucedáneas de las otras, demuestran que ni en los temas, ni en los conceptos existe esa división. Sólo el alambrado, los cables de la comunicación tecnológica entre imágenes, interrumpiendo la visibilidad para que a su vez irrumpa en el mensaje, señalan herméticamente a los responsables. Los colores vivos demuestran la comunicación ciega proviniendo de las manifestaciones y explosiones de esa realidad vivida por el artista. Tanto en su vida así en su quehacer.

Ni demasiada abstracción desmedida, ni demasiada sabiduría petulante que no se tope con la supremacía, que el artista llama Dios en su universo pictórico. Esa es su “Gran Verdad” dice Rogelio, y por consiguiente su modo perfecto de entender a la naturaleza puertorriqueña y caribeña.

Cuando pintó “Flora Desquiciada”, “Peregrina”y “Mariposa Errante”, imagino que Rogelio experimentaría un sentimiento análogo al del escritor mexicano Juan Rulfo al crear el medioambiente y la atmósfera de Comala, y a su personaje Pedro Páramo. Ese entorno físico que indica que el hombre no tiene donde estar…esa guerra constante de drogas, esa pedofilia desquiciada, la guerra por la sed del petroleo ¡Todas! para deificar al poderoso caballero Don Dinero, o la por falta del  niño divino del amor en algunos corazones, no le dan al hombre místico, religioso, creativo, alegre, su lugar en el mundo. Rogelio, tratando de encontrase a sí mismo, se pierde día a día en su Taller de la Calle Méndez Vigo del pueblo de Dorado, pero contrariamente a través de ése perderse en la invención mágica de palabras y poética del color y de sus inmensas perspectivas decide, al igual que  Alejandro Jodorowsky,  que como cada hombre tiene su lugar,  él no está excluido.

Desde 1985 cuando conocí a Rogelio, justo, al verlo, pude apreciar su obra. Pensé que la vida desde que nació “lo confrontó a quemarropa “(1). A través de su creación, desde allá hasta aquí, su acción plástica tiende a la perfección. Todas esas cualidades de la vida, que a veces de una y otra forma se nos niegan; la belleza, la bondad, la compasión y el amor, entre otras, Rogelio las recupera con trabajo, disciplina, dedicación, búsqueda….

Rogelio está tratando de traspasar su propio tiempo, a los valores de ese tiempo y a la realidad  cotidiana, que en definitiva para todos es la gran verdad que tanto buscamos.  El artista doradeño cree que en el símbolo la imagen es parte integrante del significado. Esos colores tan bien mezclados, a los que no nos tenía acostumbrados, y que la propia angustia reprobaría por dictamen, son la propuesta “sui generis”para el imaginario caribeño y puertorriqueño que porta como estandarte. Ahí los colores rompen y transgreden los límites de la propia luz.

Sus alambres de líneas geométricas, unos, y manipulados en dobleces, otros, conforman el plano total en donde se encuentra finalmente el significante de ese significado… Adivinen. No diremos. Además de Rogelio Maldonado ¿Quién es?

(1)        Máxima de José Ortega y Gasset (España).

BEATRIZ MAYTÉ SANTIAGO-IBARRA

Escritora y crítica de arte


©2003 Universidad Politécnica de Puerto Rico
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